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CHINA EN EL SIGLO XXI

El futuro de China va a ser una de las grandes cuestiones del siglo XXI. El éxito o el fracaso de su experiencia de desarrollo económico y político va a influir de manera decisiva en los equilibrios venideros. De ahí la necesidad de comprender mejor este proceso y contribuir a su desenvolvimiento.

China, con 1.300 millones de habitantes, es el país más poblado de la tierra, representando el 21% de la población total de un Planeta en el que más de la mitad de sus habitantes son asiáticos. Pero, aunque los avances económicos de China son espectaculares, su PIB sólo es el 4,1% del Producto Bruto Mundial; lo cual revela los desequilibrios que existen entre población y riqueza, en un mundo en el que los Estados Unidos de América, teniendo el 4,7% de la población mundial, acumula el 31,7% del PIB. O, para expresarlo de otra manera, mientras la renta per cápita de los norteamericanos era de 37.610 dólares, de acuerdo a los datos del Informe del Banco Mundial de 2005, los chinos tenían 1.100 dólares.

Las dos grandes cuestiones respecto al futuro de China son, en primer lugar, ¿cómo va a ser la salida de China del subdesarrollo? (asunto que afecta a una quinta parte de la humanidad) y, en segundo lugar, ¿qué papel va a desempeñar China en un orden mundial cada vez más interdependiente?

En lo que al primer aspecto se refiere los datos son espectaculares. China viene creciendo a un ritmo del 7/8% anual, lo que ha permitido que su PIB se haya multiplicado por siete en los últimos veinte años, llegando a ser el cuarto productor industrial mundial (después de USA, Japón y Alemania) y la quinta potencia comercial. La política económica de China ha permitido salir de la pobreza y el subdesarrollo a varios cientos de millones de personas. Sin estos avances, las estadísticas de la FAO y el PNUD sobre hambre y carencias sociales alcanzarían cotas mucho mayores. De ahí que los éxitos económicos chinos hayan podido ser valorados -con razón- como “la más importante revolución que ha conocido la humanidad en tiempos recientes”, al tiempo que el principal impulsor de esta revolución, Deng Xiaoping, aparece como una de las grandes figuras políticas de nuestra época.

Aún así, todavía persisten notables desequilibrios entre renta y población mundial, y China -y otros países del Plantea- tendrán que seguir avanzando para acortar las distancias y garantizar a todos los seres humanos unos niveles dignos de vida y bienestar social.

Respecto a la segunda cuestión, todos parecen coincidir en que China está destinada a ser una de las grandes potencias del siglo XXI. Actualmente es una gran potencia por razones sociales y demográficas, está empezando a serlo también económicamente y, sin duda, acabará siendo una gran potencia política y cultural, en un mundo más equilibrado y armónico.

Para entender hacia dónde se puede encaminar China es importante recordar de dónde viene y, sobre todo, es necesario desterrar algunas imágenes tópicas (e interesadas) que fueron alentadas en occidente desde círculos que querían justificar las políticas intervencionistas de las potencias coloniales.

Por Marcelo Guzman – Directamente de la China
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